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Ciudad de Quito : Ecuador

Tema archivado en "Viajes y Turismo"



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Registrado: 03 Oct 2006
Autor: ciberturista - Ciudad de Quito : Ecuador - Publicado Lun Oct 23, 2006
Ciudad de Quito : Ecuador

Esta ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1978 por constituir uno de los ejemplos de arquitectura colonial mas bellos y mejor conservados de América...

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Autor: Maerlin - Mi experiencia en Quito, Ecuador - Publicado Mar Oct 24, 2006
Hace algun tiempo ya que por fin hice algo que queria hacer de hace tiempo, me fui de viajes de aventuras a lo loco, cruce el atlantico tan sólo con mi pasaje de vuelta y algunos dólares en los bolsillos

Me pasé todo el verano anterior trabajando en uno de los países más ricos de todo el mundo, en Suiza, con el fin de sacar mi carné de conducir y comprar un coche de segunda mano, esa era la idea, hasta que estando en ese pueblito pequeño de los alpes, conocí a un chico ecuatoriano que estaba trabajando en suiza. Simplemente empezamos a hablar y con el tiempo hasta nos hicimos amigos, nunca faltaba la palabra latino america entre nuestras conversaciones. desde ese entonces empece a soñar con esa parte del mundo. Al final del verano, y de mi trabajo, decidi cambiar el coche de segunda mano por un pasaje en avion a quito, la capital de ecuador

Casi puedo oirlo aun de mis familiares... no lo hagas, es una locura, qué vas a ver en sudamerica?

Estaba ya casi llegando a Quito, sobrevolando aquellos peligrosos volcanes, y no tenía ni idea dónde iba a pasar esa misma noche. En el aeropuerto me puse a hablar con dos ecuatorianos y cuando les mencione mis intenciones, me tomaron por loca Twisted Evil "una chica europea de 20 años metiendose en medio del tercer mundo sin conocer nada de ahi!!" la verdad es que en ese entonces empece a sentir algo de miedo, pero la verdad es que estos chicos me ayudaron mucho

Jose, mi ángel de la guarda ecuatoriano, me ayudó a encontrar una pensión en una zona un poco mejor que la que yo tenia pensado y se ofreció a verme días más tarde para enseñarme la ciudad completa. Cuando me instalé en esa pension, que en lugar de somier tenia una tabla con mantas por colchon... la verdad es que vinieron a mi un monton de sensaciones maravillosas, aquella cosa tan simple era mi mejor sueño

A las 7 de la mañana del día siguiente me lancé a la calle en busca de aventuras. Fui descubriendo cada rincón de esa ciudad colonial, quizás una de las más bellas que he visto nunca pero más que su belleza física lo que me enamorado de Latino América fue el calor de sus gentes. Me paraban por la calle y nos poníamos a hablar, se volcaban en mi, puede ser que me vieran como una inversión pues tenía esos pocos dólares que a ellos les hacen tanta falta, pero me alucinó su actitud. No cansada de tanta experiencia decidí conocer su país más a fondo por eso me fui unos días a la costa y a la selva.

La costa fue una sensación placentera, por llamarlo de alguna forma. Me quedaba en una cabaña al lado del mar. Allí conocí un montón de gente, los pescadores me invitaron a tomar cerveza con ellos, los niños me miraban como algo extraño pues era una villa no acostumbrada al turismo y las pobres chicas con envidia, pues ellas apenas salían de casa y me veían a mí disfrutando de todo lo que tenían a su alrededor y a lo que no podían llegar

Algo que merece ser contado es el gran contraste del transporte público. Nunca pensé que podía ser tan divertido viajar en bus. El trayecto lo hacía de noche para así ahorrar el hospedaje y es increíble la de cosas que se ven en la noche sudamericana. Por poner un ejemplo os diré que yo iba mirando con atención cada persona que entraba, con sus vestidos de colores vivos, montones de abalorios colgados al cuello o incluso sujetando a los niños con una tela cruzada en la espalda, pero lo mejor sin duda fue cuando vi subir a un chico joven agarrando una gallina. Parecía de anuncio de malibú. Increíble, cada cosa nueva que veía me asombraba y fascinaba más. Fue la noche más divertida que recuerdo de mi estancia en la playa

Pero sin duda la gran aventura fue la selva. En principio me parecía un juego. Pase por una agencia de viajes en Quito, lo vi y me dije, bueno pues como no hay otra forma de ir que contratándolo voy a probar. Os aseguro que es algo que por muchas palabras que intenté utilizar nunca llegaré a expresar lo que realmente sentí. Después de volar dos horas en una lata de sardinas cosida a mano llegué a un aeropuerto de tierra pisada, al salir del avión el polvo envolvió el rostro de toda la gente que intentaba llegar a la salida de aquel barrizal. Allí me tenia que esperar al que sería mi guía. No sabia quien era el que me tenía que recoger. En la agencia me dieron una pequeña pegatina para que él me reconociera, pero con el gentío era imposible aquella idea, al final terminé pegándome la pegatina en la frente y después del cachondeo de muchos lugareños conseguí que el guía se fijara en mi. Y ahí fue donde empezó la mayor aventura

Pasadas 4 horas a bordo de un aparato al que ellos llamaban coche, llegué a la orilla del río Cuyabeno. Allí nos esperaba un chico en una pequeña barcaza, que sería el ultimo medio que utilizamos para adentrarnos en la selva. El nivel del río estaba bajo y tardamos mucho en llegar aquel improvisado campamento. De camino se nos hizo de noche y tan solo llevábamos una pequeña linterna que se encendía solo en algunos de los meandros del río que aquel barquero no reconocía. El sonido de la noche en la selva impone muchísimo... para el colmo el guía me iba señalando a las orillas del río porque es allí donde estaban los caimanes, con la linterna los alumbraba intentando a su vez no asustarlos. Cuando llegamos al campamento el corazón me latía muy deprisa. Aquella noche no pude dormir nada. Estaba tumbada en una colchoneta, rodeada de una tela fina para que no me picaran los insectos, en medio de ninguna parte. Recuerdo que a la mañana siguiente quería volver a Quito, pero aquello ya era imposible, tenia que estar allí metida los próximos 4 días

La experiencia fue cambiando, pues poco a poco empecé a descubrir las maravillas que están escondidas en medio de la Amazonia. Un paseo por la selva me hizo ver el poder de la naturaleza, tener que ducharme en un río de aguas turbias con pirañas me enseñó a valorar muchísimo la suerte que tengo yo al vivir en una casa en la que puedo escoger la temperatura del agua que cae sobre mi cuerpo, pero sin duda lo que más me sorprendió fue conocer a un poblado indígena que vivía allí en medio de la selva. Los niños no paraban de mirarme y solo sabían decir que si quería jugar con ellos a la pelota, la gente estaba relajada y se les notaba muy felices. No conocen la palabra estrés y como esas muchas otras como por poner un ejemplo dvd, Internet, o simplemente el teléfono. Carecía de todas estas cosas que a nosotros nos parecen tan fundamentales para el desarrollo de la sociedad, pero sin embargo os puedo asegurar que nunca había visto una población más feliz que aquella. Así que poco a poco la selva pasó de ser una pesadilla para convertirse en uno de los mejores sueños de mi vida. El último día tuve que cambiarme de campamento pues el nivel del río seguía bajando y seria imposible salir de allí. Acampamos a la entrada del río. Esa fue mi ultima noche en la selva. Cuando me desperté por la mañana no quería volver a Quito, sino adentrarme de nuevo por aquel río turbio y volver a ver a toda aquella gente maravillosa

El día de mi regreso a España fue triste, recuerdo que estaba esperando para embarcar y no quería subir al avión, miraba para atrás y veía un montón de gente que deseaba hacer lo que estaba haciendo yo, subir a aquel aparato para que les trajera al supuesto primer mundo y tener la oportunidad de reunirse con su madre que trabajaba limpiando la casa de una marquesa, de su hermano mayor que recogería tomates en El Ejido o de tu amiga de infancia que se prostituía en la puerta del sol a cambio de mandar 100 dólares a su madre. Por un momento me dieron ganas terribles de volver atrás y regalarle el pasaje a algunos de esos ojos que me observaban tan expectantes. Por otro lado imaginaba a mi gente en España y no podía ni imaginar lo que pensarían si les dijera que me quedaba allí. Así que sin un dólar en el bolsillo y con la mochila llena de recuerdos y sensaciones, di por terminada mi experiencia sudamericana, aunque de camino a España me prometí que no sería la ultima, ya que esos 15 días me habían formado mas como persona que todos los años de educación recibidos. Si tenéis la oportunidad de hacerlo alguna vez, os lo recomiendo. En principio me pareció una locura pero terminó siendo una de las mejores experiencias de mi vida

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